¿O es, en el parangón, que la escritura constituye tambien algo inaprehensible como el rostro del ser amado; un querer poseer algo, en este caso la obra literaria, y finalmente ser vencido por el pasmo de la impotencia? ¿Qué es el desamor si no la certeza de que podemos pertenecer a otro y no precisamente a quien creemos amar o hemos elegido? ¿Se vive realmente para escribir o es la escritura una deliberada voluntad de saneamiento espiritual en quienes poseen ese don como quien goza del don de amar?...
Marguerite Duras
